CITA
APA
Castillo
Sánchez, M., & Gamboa Araya, R. (2012). Desafíos de la educación en la
sociedad actual. Diálogos educativos, (24), 55-69.
PALABRAS
CLAVE
Educación,
problemática, futuro, desafíos, mundial.
RESUMEN
“El
papel de la educación en la formación de los individuos y en el desarrollo de
la sociedad es incuestionable. A través de ella se transmite, de generación en
generación, conocimientos, cultura, prejuicios, valores, entre otros. Sin
embargo, actualmente ella enfrenta diversas situaciones conflictivas que
afectan su adecuado desarrollo. La globalización, por ejemplo, ha implicado
reformas en la educación a nivel mundial. Las necesidades actuales requieren
que la educación responda al mismo ritmo de las transformaciones sociales y
culturales. Los ciudadanos del futuro deben ser formados para “enfrentarse” a
una totalidad compleja y esta debe orientarse a la formación de valores, de un
individuo capaz de enfrentarse a las distintas dificultades y resolver problemas,
de un ser más humano y con conciencia ambiental. Los retos que enfrenta la
educación son muchos. Plantear soluciones y llevarlas a cabo debe ser un
esfuerzo social, conjunto y coordinado. Si la educación mejora la sociedad se
desarrolla y el ser humano progresa en sus condiciones, en caso contrario se
corre el peligro de seguir anclados en el subdesarrollo, la desigualdad y la
incongruencia con las exigencias de la sociedad actual. ¿Cuál es el estado
actual de la educación? ¿Cuál es la problemática que la afecta? ¿Qué retos se
le plantean? Este ensayo tiene como propósito destacar algunos aspectos sobre
el estado actual de la educación a nivel mundial y señalar ciertos problemas
que la afectan y los retos que deben enfrentar en una “educación para el
futuro”.
CONCLUSIÓN
“La
educación debe pensar en una reorganización, que replantee la formación de la
identidad de los individuos, revalore los contenidos curriculares y garantice
el acceso a todos. La inteligencia ya no está asociada solamente a las capacidades
cognitivas, sino con el desarrollo de capacidades para la formación de un
individuo integral (Aguerrondo, 1999). Dadas las condiciones actuales de la
sociedad y con perspectivas hacia el futuro es necesaria una educación donde se
desarrollen competencias y no solamente un conjunto de saberes. Es decir, se
requiere de un proceso que “prepare para la vida” y para las distintas
situaciones que el ser humano debe enfrentar. La educación debe crear
mecanismos para que el estudiante se interese por participar activamente en su
propio crecimiento y desarrollo. Pero también es necesario crear una conciencia
sobre la prioridad que debe tener la educación como medio para el desarrollo de
un país, por lo que la inversión que se haga en ella debe ser considerable y
“real” para superar las dificultades que han afectado a esta en distintos
países y desde hace varios años. La institución educativa debe ser el espacio
con las condiciones necesarias y mínimas para un adecuado desarrollo del
proceso educativo (infraestructura, recursos, entre otros). Por tal razón, debe
generar las condiciones de educabilidad para que ello se dé (atender las
necesidades y expectativas de los estudiantes, adecuarse al contexto, normas y
reglas de conducta y aprendizaje claras, entre otras) y garantizar el acceso y
equidad en todo el proceso. Una medida urgente que se debe tomar es realizar
una mayor inversión en educación. Esta inversión, a la vez, debe estar
acompañada de una eficiente y eficaz administración por parte de los entes rectores
de este, de tal forma que se atiendan las necesidades prioritarias y no se
despilfarren en programas “fantasmas”. Junto con estas acciones se debe mejorar
las condiciones del entorno pedagógico del alumno, dotando a las aulas de
mejores y mayores recursos de apoyo al aprendizaje, sin los cuales una
educación moderna y de calidad no es posible. La preparación del profesorado es
otra tarea que se debe atender. No se puede seguir formando a los docentes para
enseñar en salones de clases “ideales”; por ello se requiere del
replanteamiento de estos procesos, los cuales se deben orientar hacia la
formación de un docente capaz de atender las distintas necesidades de los
individuos, su diversidad y contexto social, económico y cultural. Aunado a lo
anterior, se debe aumentar los años de permanencia de los estudiantes en el
sistema educativo. Esta debe ser de, al menos, doce años. Pero en paralelo a
las acciones para lograr esta “mayor permanencia”, se deben analizar la
pertinencia de los programas y planes de estudio de todos los niveles
educativos y realizar las modificaciones necesarias que de este análisis se
derive. La educación debe resultar interesante, “real”, útil y atractiva para
los estudiantes. De esta manera, la educación propiciaría no solamente la formación
para una “tarea determinada” sino que se orientaría al desarrollo de destrezas,
resolución de problemas y dotaría al individuo de habilidades para “aprender y
reinventarse sobre la marcha”. Otro punto importante a tratar es que se deben
llevar a cabo acciones tendientes a descentralizar el “control” de la
educación, de tal forma que los interesados se sientan parte de esta,
responsables de su desarrollo y puedan ser fiscalizadores de este proceso. Los
ciudadanos del futuro deben ser formados para “enfrentarse” a una totalidad
compleja. La imagen de una sociedad fragmentada, de un conocimiento parcelado y
de saberes aislados no “encajan” dentro de esta nueva visión. Así, el alumno
debe ser considerado desde su perspectiva real, como producto de un desarrollo
histórico y natural. Pero también la educación del futuro debe orientarse a la
formación de valores, de un individuo capaz de enfrentarse a las distintas
dificultades y resolver problemas, de un ser más “humano” y con conciencia
ambiental. Se debe avocar por una educación que privilegie el desarrollo de las
habilidades de aprendizaje, de discernimiento, de manejo de los números y la
lectura analítica. Esto incluye también reformular la educación superior para
que las actividades no solo se orienten a la formación de profesionales sino a
la investigación y difusión del conocimiento, donde se inviertan más y mejor
los recursos para el fortalecimiento de la formación de los futuros
profesionales y donde se atienda las exigencias del mundo globalizado. La
creación de estrategias que incorporen las distintas recomendaciones realizadas
por diferentes estudios para superar la deserción y la repitencia debe ser otra
acción a realizar. Estas deben considerar factores institucionales,
socioeconómicos, familiares, docentes, contexto, otorgamiento de becas, entre
otros. No se puede caer en el pesimismo y señalar que todo es malo o que no se
ha hecho nada. Hacerlo sería negar importantes esfuerzos y no reconocer las
acciones de cambio que se han ejecutado. Lo que sí parece ser cierto es que no
han sido suficientes y se necesita aún mayores esfuerzos, acciones e ideas para
llevar adelante una educación acorde al contexto mundial en la cual se
desarrolla. La responsabilidad del cambio es de todos y todos debemos comprometernos
con él.”
Comentarios
Publicar un comentario