UNA EDUCACIÓN DE CALIDAD, BASE DEL DESARROLLO Y PROGRESO DE LA SOCIEDAD

CITA APA

Danvila, I. (2020). Una educación de calidad, base para el desarrollo y progreso de la sociedad. Cuadernos de pensamiento político FAES, 66, 73-82.

PALABRAS CLAVE

Educación; Verdad; Relativismo; Excelencia; Autoridad del profesorado; Igualitarismo; Esfuerzo; Reconocimiento; Libertad de elección.

RESUMEN

Hoy día, la educación es la principal herramienta para el desarrollo y progreso de las personas, la base en la que se apoya una sociedad que desea mayor bienestar. Por este motivo, se deben evitar planteamientos que afecten negativamente a la calidad educativa. Un modelo educativo basado en la transmisión de conocimientos, el respeto a la verdad, la búsqueda de la excelencia, el reconocimiento del profesorado, la valoración del esfuerzo o la recompensa a los alumnos que obtienen mejores resultados académicos favorece una educación de calidad y una sociedad mejor.

CONCLUSIÓN

Hoy día, la educación es la mejor herramienta que podemos poner en manos de cualquier persona para mejorar su nivel de vida. Con una formación de calidad cada individuo puede mejorar social, cultural y personalmente (Correas, 2019). En los próximos años, será la educación recibida en mayor medida que la propia economía la que marque diferencias entre unos individuos y otros, ya que son las personas más preparadas las que mejor aprovechan las oportunidades que conlleva la globalización, mientras que los menos cualificados se ven más afectados por los efectos negativos de las crisis (Capilla, 2019).
El rechazo a la autoridad de los profesores, el igualitarismo, la apropiación por parte de determinados grupos de la educación o el empleo de esta con fines partidistas conlleva una educación de baja calidad. Por el contrario, la búsqueda de la excelencia, el reconocimiento del profesorado, la valoración del esfuerzo y el mérito, la evaluación de conocimientos o el estímulo a los mejores alumnos nos conduce a una educación de calidad (Enkvist, 2017). Singapur, Hong Kong y Corea del Sur han logrado excelentes resultados en los informes PISA gracias al fomento y valoración del esfuerzo.

En la actual sociedad líquida predomina lo perecedero e inmediato sobre lo permanente y duradero; de este modo se minusvalora la memoria, el esfuerzo y la constancia. Sería un grave error enseñar solo lo actual, lo que está de moda o lo que reporta utilidad o beneficio. Como señala acertadamente Jaime Mayor Oreja (2019), “Vivimos en un extremo relativismo moral, una pérdida creciente de referencias permanentes, una creciente socialización de la nada, ante la falta creciente de principios y valores de carácter antropológico, derivado del concepto que se tiene de la persona. Se trata de una crisis de la verdad, de la cual huimos por comodidad”.
Por este motivo, parece especialmente importante promover una educación en valores basada en el respeto y la búsqueda de la verdad. En este campo, se debe respetar el derecho que asiste a los padres para elegir la formación que reciban sus hijos, tal y como recoge el artículo 27.3 de la Constitución Española. Los padres tienen el derecho original, primario e inalienable de dar a sus hijos la educación que mejor consideren; por tanto, los centros docentes y el Estado son subsidiarios de la familia. Los poderes públicos deben garantizar que alumnos y familias puedan elegir libremente el tipo de educación y el tipo de centro que mejor se adapte a sus preferencias.
La educación es lo suficientemente im- portante para el desarrollo de una persona como para que los padres opinen. Las autoridades educativas han de ponderar lo que debe permanecer en el sistema educativo porque es bueno y necesario, y, a la vez, pensar los cambios e innovaciones que se deben introducir para mejorar la calidad de la educación. Decía Marco Aurelio: “Señor, dame fuerza para cambiar lo que se pueda cambiar, paciencia para soportar lo que no se pueda cambiar y, sobre todo, sabiduría para distinguir lo uno de lo otro”.


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